El economista Tim Harford habla abiertamente de que estamos viviendo una fase típica de burbuja en torno a la inteligencia artificial. Coincido.
Se están inflando expectativas, se están haciendo inversiones difíciles de justificar y se fuerzan casos de uso que rozan el absurdo.
Yo viví la burbuja puntocom. La vi crecer, explotar y arrastrar consigo a empresas, ahorros y carreras. Y también vi lo que quedó después: la infraestructura (fibra, redes, centros de datos…), los modelos de negocio y las compañías que hoy dominan el mundo digital.
Sin todo ese despliegue, hoy no tendríamos ni WiFi, ni economía digital, ni plataformas globales.
Con la IA estamos en una fase equivalente. Solo que esta vez la infraestructura no son cables, sino capacidad de computación masiva.
Los centros de supercomputación y los grandes data centers no son un capricho tecnológico. Son piezas de una infraestructura estratégica.
Pep Martorell lo sintetiza muy bien en su artículo “Top500: el mapa del poder” sobre quién manda en computación, un termómetro del poder geopolítico. Quien controla la capacidad de cómputo, controla una parte relevante del futuro económico, científico y militar.
Por eso no comparto la idea de que, cuando “estalle la burbuja de la IA”, los centro de dados habrán sido una pérdida de dinero.
¿Que habrá sobrecapacidad puntual y activos mal ubicados o mal diseñados? Seguramente.
Pero la lógica de fondo es otra: estamos levantando la infraestructura sobre la que se apoyará la próxima ola económica.
Con Internet pasó exactamente eso. La especulación se llevó muchas empresas por delante, pero dejó en pie la red sobre la que luego crecieron Google, Amazon, Meta y compañía.
El sector legal ya hemos visto este patrón
Ya vivimos una primera ola de transformación con los ALSP. Aparecieron alrededor de 2014. Fueron mirados con condescendencia, clasificados como “low cost”, y se les asignó todo aquello que la abogacía tradicional no quería hacer: volumen, repetición, estandarización.
Diez años después, forman parte del mapa estable de soluciones legales en todo el mundo, sin ruido, sin épica, pero con una consolidación clara.
La diferencia es que ahora los NewMods que describe Richard Tromans no están ocupando los márgenes del sistema sino su epicentro.
No se limitan a gestionar “lo repetitivo” o “lo de poco valor”. Se plantean el portafolio completo de una firma, desde M&A hasta IP, pasando por compliance y contratos comerciales, con una premisa de diseño radicalmente distinta: la IA es el músculo productivo, y el abogado senior es el cerebro que supervisa, corrige y decide.
El artículo de Artificial Lawyer identifica las claves de los NewMods:
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El tiempo deja de ser la unidad principal de valor.
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La IA hace todo lo que puede, y no se la frena por razones económicas.
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Los abogados senior se sitúan al final de la cadena, asegurando calidad y aportando criterio.
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El conocimiento que se genera con cada asunto se reintegra al sistema para hacerlo más inteligente.
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Los modelos de precios dejan de pivotar sobre la hora facturable.
Esto no es un ALSP con otro nombre. Es una reconfiguración del modelo de negocio tradicional. Y no es la primera vez que alguien lo intenta.
Propuestas como Clearspire ya anticiparon hace años este tipo de estructuras híbridas (firma + plataforma tecnológica). Entonces quizá era demasiado pronto. Ahora, con la madurez tecnológica de la IA y la presión competitiva, el contexto es otro: el terreno está preparado para que estos modelos echen raíces.
¿Y qué hacemos con los juniors?
En el Legal Management Forum, voces como la de Pedro Pérez-Llorca ya lo avisaban: la IA generativa va a reducir el número de juniors que necesitan los despachos.
El artículo de Artificial Lawyer da un paso más: ya hay firmas que no contratan abogados jóvenes. Diseñan la estructura alrededor de IA + senioridad, prescindiendo de la clásica pirámide.
Entonces ¿Dónde van a trabajar los cientos de miles de estudiantes de Derecho que están ahora mismo en las facultades?
¿En qué tipo de tareas se van a formar, si muchas de las funciones históricamente asignadas a los juniors están siendo absorbidas por la IA?
Y aún más inquietante: si hoy dejamos de incorporar juniors, ¿de dónde saldrán los abogados senior dentro de diez o quince años?
Al mismo tiempo, son escasos los abogados senior capaces de trabajar a alto nivel con IA, de entender sus límites, de diseñar procesos alrededor de ella y de extraerle valor.
Europa, la edad de los directivos y el riesgo de quedarnos atrás
Aquí entra otra pieza que me parece clave, y que Genís Roca ha señalado recientemente: la diferencia de edad media entre directivos en Europa y en países como China.
Hablamos de más de veinte años de diferencia en posiciones equivalentes. Es un indicador cultural. En entornos donde las decisiones estratégicas las toman directivos más jóvenes, la asimilación de nuevas olas, como la IA, suele ser más rápida, menos defensiva y más experimental.
Si combinamos esto con lo que está ocurriendo en supercomputación, Estados Unidos liderando la carrera (China declina aparecer en el ranking…), Europa acelerando pero aún a distancia, la foto no es tranquilizadora.
Mientras algunos países están levantando nuevas estructuras empresariales y jurídicas desde cero, con tecnología en el ADN, buena parte de los despachos europeos aún tienen asignaturas pendientes como modernizar el gestor de expedientes e implantar un nuevo CRM, mientras juegan un rato con una herramienta de IA generativa en piloto interno.
Es un desajuste peligroso entre la magnitud del cambio y la modestia de la respuesta.
Una burbuja no es solo tecnofilia: también produce ruido absurdo
Toda burbuja tiene sus excesos caricaturescos.
En la puntocom, era una web para casi todo, sin modelo de negocio detrás.
En la burbuja de la IA, empezamos a ver el equivalente:
Desde electrodomésticos “con IA” para limpiar mejor las esquinas (en serio, lo he visto) a productos que añaden la etiqueta “AI-powered” como si fuera un adhesivo mágico que justifica cualquier incremento de precio.
Eso va a desaparecer tal y como desaparecieron los proyectos sin sentido de la era puntocom. El mercado tiene una capacidad notable para deshinchar lo que no aporta valor.
Lo que no desaparecerá es la parte que sí tiene sentido:
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La automatización real de tareas jurídicas.
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Los cambios estructurales en cómo se organiza el trabajo.
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La presión competitiva de modelos como los NewMods.
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La transformación de las expectativas de los clientes (más por menos, pero también mejor gobernanza, transparencia y previsibilidad).
Ruptura estructural: producimos el talento equivocado
Si uno junta todas las piezas, esta es la imagen que emerge:
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Se está construyendo una infraestructura de computación que reconfigurará sectores enteros.
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Surgen modelos de negocio legales nativos de IA que prescinden de la pirámide de juniors.
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El sistema educativo sigue produciendo perfiles para un mercado que ya no va a existir tal y como se diseñó.
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Las firmas tradicionales introducen IA de forma tímida, marginal, defensiva.
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En otros continentes se están probando y escalando modelos más radicales, que luego llegarán aquí como importación, no como creación propia.
Eso es una rotura estructural, no un ajuste menor. Formamos abogados para tareas que cada vez estarán más automatizadas. Y, a la vez, no estamos generando suficientes perfiles capaces de moverse con soltura en entornos donde IA, datos, negocio y estrategia jurídica forman parte del mismo mapa mental.
Y ahí es donde entra el papel de los abogados jóvenes.
No solo como “víctimas” de un sistema que no les ofrece la clásica carrera de junior a socio, sino como generadores de nuevas estructuras:
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Nuevas boutiques nativas de IA.
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Nuevas alianzas entre legaltechs, firmas y ALSP.
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Nuevos modelos de prestación que mezclen servicio jurídico, diseño de procesos y gobierno de datos.
Conclusión
Todo esto dibuja un panorama exigente, pero no necesariamente pesimista.
Si eres joven y estudias Derecho, probablemente nadie te esté contando que el guion clásico de “junior – asociado – socio” se está resquebrajando.
Pero también es cierto que nunca ha habido tantas posibilidades de crear nuevas estructuras: despachos nativos de IA, colaboraciones entre legaltechs y firmas, modelos de servicio que mezclan Derecho, datos y procesos.
No se trata de encajar en un modelo que ya no funciona, sino de atreverse a diseñar los nuevos.
La pirámide se está agrietando en silencio.
Quién ocupe el espacio que deje libre no será cuestión de azar, sino de visión y de valentía.
