Hace algo más de 10 años que empezamos a hablar de nuevos modelos de negocio en la abogacía.
Ya entonces hablábamos de inteligencia artificial. De machine learning. De deep learning. Pero muy pocos entendían realmente qué era aquello y, sobre todo, para qué servía en el día a día del trabajo jurídico.
La IA era una idea interesante, pero difícil de aterrizar. Costaba traducirla a valor, a procesos concretos, a decisiones de negocio.
Aun así, hubo quien se adelantó.
Empresas como Neotalogic lo vieron pronto y se atrevieron.
Otras, como Kira Systems, tuvieron incluso mayor fortuna, en parte porque supieron explicar muy bien qué hacían y qué problema resolvían, aunque su uso nunca fue, ni es, para todos los contextos ni todos los despachos.
De ese primer momento salieron muchas iniciativas.
Algunas brillantes.
Otras fallidas.
Clearspire: el primer NewMod antes de que existiera el nombre
En ese contexto conocimos Clearspire. Un modelo híbrido entre despacho de abogados y empresa tecnológica que daba servicio al propio despacho: gestión del conocimiento, procesos, automatización, inteligencia artificial.
Visto con los ojos de hoy, no hay discusión: Clearspire fue el primer NewMod real.
Pero por aquel entonces, era demasiado raro, demasiado adelantado, demasiado distinto.
Demasiado difícil de encajar en un mercado que aún no estaba preparado para asumir que la tecnología no era solo soporte, sino estructura.
La semana pasada hablaba de esto con Mark A. Cohen, fundador de Clearspire, con quien tengo la suerte de compartir amistad desde hace años. La reflexión era casi melancólica: todo vuelve…
Lo que sí quedó: los modelos alternativos
Mientras los experimentos más radicales caían, algo sí consiguió consolidarse y hacerse mainstream: los modelos alternativos de prestación de servicios legales, los ALSP.
Ahí sí hubo encaje con el mercado.
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Riverview Law, con su enfoque obsesivo en procesos, métricas y gestión industrial del trabajo jurídico recurrente, se convirtió en un referente.
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Axiom, como plataforma de talento, cuestionó de forma muy pragmática la idea de que el valor residiera en tener a todos los profesionales “dentro de casa”.
Estos modelos funcionaron.
Fueron copiados.
Inspiraron a emprendedores, a despachos medianos y también a grandes firmas.
¿Por qué?
Porque supieron explicar de forma sencilla qué parte del trabajo jurídico hacían mejor, más rápido o más barato.
Mientras tanto, muchos despachos seguían pensando que aquello aplicaba solo a “trabajo sencillo”. Que el “trabajo serio” seguiría intacto.
Cuando el suelo empieza a temblar
Ahora, quizás por primera vez, el sector empieza a notar el movimiento bajo los pies.
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Hace poco, Clifford Chance anunció una reducción del 10 % de su personal administrativo, vinculada directamente al impacto de la inteligencia artificial.
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Las grandes consultoras, por su parte, han comenzado a congelar salarios de perfiles junior ante la misma realidad.
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Perez Llorca, en España, manifestaba claramente que está contratando menos abogados junior.
No son anécdotas. Son síntomas.
Durante años, los cambios se produjeron de forma casi inadvertida para muchos de sus protagonistas. Ahora empiezan a sentirse.
Curiosamente, quienes antes lo pasaron peor, los despachos pequeños, son hoy quienes, al menos en teoría, tienen más opciones y herramientas para reinventarse.
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Estructuras ligeras.
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Menos inercia.
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Más capacidad de experimentar.
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Acceso a la tecnología por su menor coste.
Justo lo que ahora falta en muchos grandes.
NewMods: el regreso de una idea, esta vez con sentido
Y así llegamos a los NewMods.
Modelos híbridos que combinan derecho, negocio, procesos y tecnología.
La diferencia con hace diez o quince años es fundamental:
la IA, ahora, la entienden todos.
No como promesa abstracta ni como demo. Sino integrada en procesos reales, en decisiones de negocio, en modelos operativos viables.
El experimento vuelve.
Pero esta vez, el mercado está preparado.
Cerrar el círculo
Hace dos semanas di una charla en mi antigua universidad.
Mientras hablaba con los estudiantes, pensaba en lo poco conscientes que son, y que éramos, de lo que realmente nos espera ahí fuera.
Pero también pensaba en el sector.
En cómo, una y otra vez, parece sorprenderse de cambios que lleva años incubando.
En este contexto, el relanzamiento en 2026 de NewLaw New Rules de George Beaton, ahora en formato audiobook, del que tengo el privilegio de ser contributor, no deja de parecer casi simbólico.
¿Casualidad?
Probablemente no.
Estamos, de nuevo, en una vuelta de ciclo.
Un loop.
Solo que esta vez, la inteligencia artificial no es una promesa mal entendida.
Es una palanca real.
Y cada firma, cada profesional, tiene el poder de diseñar conscientemente su lugar en este nuevo ciclo. Eso, o limitarse a observar cómo el suelo sigue temblando bajo sus pies.
