Muy acertada la reflexión de Mark A. Cohen, sobre la convergencia entre el negocio del Derecho y la profesión jurídica, cuando lo que está en juego es el Estado de Derecho. Una lucha que estamos viendo en directo en EEUU a través de la actuación de Donald Trump y su administración y la respuesta de los grandes despachos de abogados, en su mayoría, callando. Y ya se sabe, en Derecho “el que calla otorga”.
Defiendo que los despachos de abogados funcionen como un negocio. Lo son y así lo he expresado en múltiples ocasiones. Pero por encima de eso, están los profesionales, con su juramento o promesa de acatar la Constitución y el derecho fundamental a la defensa de toda persona. En EEUU este derecho se articula de forma algo distinta. Pero de lo que no cabe duda es de que el límite a poder representar o no determinados clientes deben ponerlo los profesionales o la prohibición de conflicto de interés, debidamente regulada en los códigos deontológicos. No el gobierno.
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