Las escuchas en la demo. Las escuchas en la reunión de alcance. Las escuchas cuando preguntas si el sistema gestiona tus tipos de asunto: iguala, precio cerrado, por horas.
«Sí, eso lo lleva el sistema. No hay problema.»
Y técnicamente es verdad. El sistema lo lleva. Lo que no lleva, porque nadie lo pidió, porque nadie sabía que había que pedirlo, es todo lo que viene después.
Por ejemplo:
Tienes un asunto por horas con presupuesto cerrado. Las horas van consumiéndose. En algún punto, el equipo está al 80% del presupuesto y nadie lo sabe. Ni el socio, ni el cliente. Te enteras cuando ya has perdido hasta la camisa. O peor: cuando el cliente recibe una factura que no esperaba y te llama enfadado.
¿Querías una alerta automática cuando el asunto se acerca al límite? Suma un ticket. Un desarrollo. Un coste extra.
O este otro: Un cliente tiene contigo una iguala mensual y tres asuntos por horas. La iguala lleva meses sin usarse. Los asuntos por horas están a tope. Nadie ha cruzado esa información. Nadie ha llamado al cliente para hablar de si el modelo de relación tiene sentido. Te cancela la iguala y te pilla por sorpresa.
¿Querías visibilidad cruzada entre asuntos de un mismo cliente? Otro ticket. Otro desarrollo. Otro coste extra.
Ninguna de estas cosas es un capricho. Son necesidades reales de negocio que cualquier despacho tiene. El problema es que en la fase de venta nadie hace las preguntas incómodas, y en la fase de diseño nadie dibuja los procesos con el nivel de detalle suficiente.
Los detalles los carga el diablo. Y en los proyectos tecnológicos, se cargan el presupuesto.
Este es solo uno de los puntos donde un proyecto sin dirección independiente se desvía. Hay más. Muchos más.
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