De la eficiencia a la INFLUENCIA.
La conversación sobre IA en los departamentos jurídicos parece haberse convertido en un mantra: eficiencia, productividad, automatización. Tres palabras que suenan bien, pero que empiezan a quedarse cortas.
Porque una asesoría jurídica puede ser impecable en sus KPIs y seguir siendo irrelevante para la empresa. Puede tener todos sus indicadores en verde y, aun así, no mover una sola aguja del negocio.
Según el informe Future Ready Lawyer 2024 (Wolters Kluwer), el 76 % de las asesorías jurídicas ya utilizan IA semanalmente. Pero usar no equivale a impactar.
La mayoría de los equipos jurídicos están aplicando IA para la automatización de documentos, el control de plazos, la revisión de contratos, los resúmenes de texto o la búsqueda de jurisprudencia. Tareas necesarias, pero operativas.
Esto se refleja también en la encuesta de la ACC (CLO Survey 2025) indicando que la iniciativa estratégica más importante para los próximos doce meses sigue siendo la eficiencia operativa.
Las Legal Operations son, sin duda, el motor de este avance. Han permitido que las asesorías jurídicas funcionen con procesos más ágiles, presupuestos más controlados y tecnología integrada.
La IA como catalizador de influencia.
El salto que las asesorías jurídicas deben dar ahora no es tecnológico, es estratégico.
No se trata de usar más IA, sino de usarla mejor: como herramienta de análisis, diagnóstico y decisión.
El reto no es hacer más rápido lo mismo. En un contexto donde la hiperregulación, la ciberseguridad, el ESG y la geopolítica configuran un entorno volátil, el departamento jurídico no puede limitarse a reaccionar, debe anticipar, proteger, optimizar y acelerar.
Anticipar riesgos que afectan directamente al crecimiento de la empresa.
Optimizar decisiones empresariales con escenarios legales generados por IA.
Proteger valor en transacciones y operaciones clave, detectando exposiciones ocultas.
Acelerar procesos críticos empresariales
En el plano estratégico, la IA empieza a analizar riesgos emergentes, proyectar escenarios, priorizar cumplimiento normativo y ofrecer insights de negocio. Esto permite a los departamentos jurídicos interpretar el entorno, anticipar movimientos regulatorios y proponer decisiones antes de que el resto de la organización vea venir el cambio.
Dos ejemplos:
Hence Global ha desarrollado una plataforma de IA que permite a las empresas y a sus asesores navegar riesgos geopolíticos en tiempo real, evaluando sanciones, conflictos o cambios normativos que pueden impactar contratos o cadenas de suministro.
GEP aplica IA para transformar la sostenibilidad en gestión: analiza riesgos ESG, evalúa proveedores y automatiza informes de cumplimiento.
Dos enfoques distintos con una misma lógica: usar la IA no para producir más, sino para decidir mejor.
Las Legal Operations son el primer eslabón de esta cadena. El punto de partida, no el destino. Su papel es esencial: ordenar, estandarizar y liberar tiempo. Tiempo para que los profesionales dejen de ser gestores de tareas y empiecen a ser gestores de impacto.
Porque la eficiencia no es el fin. La eficiencia genera el espacio que permite pensar. Y pensar, con el apoyo de la IA, es lo que convierte a una asesoría jurídica en una verdadera función estratégica.